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  • Carlota Acosta Ribot

¿Voy al nutricionista o al psicólogo?

Repite conmigo: "No voy a enfocarme en la nutrición hasta que no atienda mi relación con la comida"



Es peligroso centrarnos en cambiar composición corporal cuando hay una evidente mala relación con la comida detrás. Y cuando, en apariencia, nuestra relación con la comida no es disfuncional, también tiene sus riesgos. Es peligroso porque esto, no solamente no funcionará (ya que no seremos capaces de regular nuestra hambre emocional), sino que además puede empeorar nuestro proceso de sanación mental. Casi seguro que lo hará.


 

Corremos el riesgo en entrar un bucle de confusión de conceptos: podemos entrar mentalmente en la cultura de la dieta incluso aunque nuestro nutricionista no esté a favor de la misma, entender los términos solamente en su dicotomía y extremos (bueno-malo, sano-insano, prohibido-permitido), y perjudicar aún más nuestra relación con la comida al introducirnos en un camino de supuesta mejora física.


Ya no solo se trata de considerar replantearnos si realmente tratar de cambiar nuestra composición corporal (véase, por ejemplo: bajar o subir de peso, o aumentar masa muscular), sino de estar mentalmente preparados y vigilar si nuestro tratamiento nutricional implica algún tipo de restricción o conducta compensatoria. Estos casos van más allá de la subida o bajada del peso, sino que se aplican, por ejemplo, cuando estamos en medio del tratamiento de una patología digestiva (dieta FODMAPs, ayunos, etc).


 

Si primero no tenemos atendido el plano mental-emocional, no entenderemos el proceso de tratamiento nutricional como una mejora de salud, sino como una obligación de autocontrol forzado, un castigo por nuestra dejadez, un autocuidado impuesto.



Lo peor es que podríamos pensar que solamente obtendremos validación externa (e interna) una vez hayamos "curado" o "arreglado" nuestra situación física. Y esto no será así. Ya que no podemos permitir que nuestra felicidad dependa de nuestra salud física o nuestra apariencia, esto es algo absolutamente insostenible.


Por lo tanto, si hay una mala relación con la alimentación y/o un autoconcepto dañado, PRIMERO hay que enfocarse en mejorar ese aspecto, a no ser que se trate de un tratamiento nutricional urgente para alguna patología concreta.


Para esto, un nutricionista está muy limitado y corre riesgo de incurrir en una intrusión profesional. Podemos empezar a conectarte con una alimentación emocional saludable, pero es posible y probable que debas acompañarte de un psicoterapeuta especializado, especialmente si tus miedos son profundos y la relación con la comida está muy dañada.



Sé consciente, reconoce el problema y ya tienes la mitad del camino hecho. Pide ayuda💜

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